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La documentación educativa

A cargo de Matteo Bini, ex alumno de Reggio Emilia y atelierista desde hace 20 años de la escuela “La Villetta”.

La documentación forma parte de la experiencia didáctica cotidiana y acompaña el quehacer diario de maestras y maestros.

La documentación es una manera de estar cercano a los niños, de conocerlos, de entenderlos, y también les sirve a los maestros para reflexionar acerca de las decisiones que van a tomar para con ellos.

En esta primera imagen se puede ver a un grupo de maestros y atelieristas que se encuentran reunidos con la intención de reactivar todos los conocimientos y los saberes acerca del lenguaje del barro, un proyecto que se llevó a cabo en el año 2017/2018.

Este curso se generó dentro de un espacio de la escuela donde fueron convocados todo el personal que trabaja con los niños y las niñas de 0 a 3 años y de 3 a 6 años de las escuelas municipales de Reggio Emilia.

 En esta imagen se observa la mesa de trabajo que fue preparada por los adultos para poder experimentar el material y poder actualizar las didácticas que se les propondrá después a los niños con este lenguaje.

También se lleva a cabo la documentación de la formación ya que es muy importante para transmitir, para compartir con aquellos que no estaban presentes, desde lo que se dijo, las distintas reflexiones, tomando imágenes de un espacio preparado que después puede servir de inspiración antes de llevarlo a la práctica cotidiana en las escuelas.

En los encuentros de la formación, los maestros partieron de dos preguntas para comenzar:

¿Cómo ofrecer el barro a los niños de 0-3 años?

¿Cómo hacer cotidiano el encuentro con este lenguaje?

Estos cuestionamientos fueron compartidos con todo el personal de las escuelas y así se formó el proyecto.

Manos que escuchan

Este proyecto se desarrolló con niños y niñas de entre 2 años 6 meses y 3 años 4 meses de la escuela Alice y se llamó “Manos que escuchan, manos que dan forma, encuentros cotidianos entre los niños y el material”.

Para empezar a trabajar el proyecto de investigación con los niños, primero comenzaron a trabajar los adultos, tanto atelieristas como maestros pusieron manos en el barro con una serie de propuestas que después que luego se les plantearon a los niños más adelante. A esos momentos se los llama “contextos inusuales”, porque de esa manera nunca habían trabajado todavía en esa escuela.

En esa escuela se había trabajado con anterioridad a partir del bloque de barro para que lo exploren, lo manipulen, dejen una marca, pero esta vez la propuesta era diferente. Se decidió ofrecerles a los niños el material pre-elaborado con distintas sugerencias: en su versión sólida se les preparó tiras de barro que parecían tiras de papel, trozos aplastados con movimiento, diferentes formas y grosores.Se decidió fotografiar el contexto que se les iba a presentar a los niños antes de que comenzara la exploración; guardar el cómo se ha preparado, para luego reflexionar sobre ello.

Es muy importante determinar cuál va a ser el campo de observación, una vez decidido qué se va a observar sabremos qué documentar, de lo contrario se corre el riesgo de que la documentación sea muy amplia y de que se recoja mucha información, pero nada en realidad.

En esta ocasión se eligió documentar los gestos de los niños, ese era el principal foco de atención: las manos, cómo se movían, los gestos, las mímicas, las miradas, las posiciones, las posturas de los niños; y cómo todos estos gestos transformaban la materia.

Ante el planteo de cómo hacer que sean cotidianos los encuentros con el barro, se pensó en una estrategia que pudiera solventar esas inquietudes: el carrito itinerante.

El carrito itinerante se trata de un espacio móvil que contiene diferentes coloraciones de barros, en estados distintos: fresco, en migajas, ya triturado en polvo, líquido como pegamento y en diferentes tamaños y formas.

En esta ocasión no se desplazaba a los niños hacia el atelier sino que ese carrito iba hacia los niños.

El carrito es una invitación y los niños escogen libremente qué quieren utilizar, con qué quieren experimentar.

Las grandes baldosas o soportes más amplias son una invitación a que los niños trabajen conjuntamente y no siempre solos.

Conservar las piezas que fueron recreadas, así como también las fotos de las experiencias son una muestra de este encuentro entre el niño y el barro.

Una ciudad de barro

Durante cuatro días se les presentó a los niños de la escuela 0-3 años un contexto determinado para introducirlos en el lenguaje del barro.

Protagonistas:

Alice, 32 meses

Riccardo, 36 meses

Marco, 39 meses

Noemi, 40 meses

Los niños ya venían trabajando con su maestra el tema de la ciudad de manera cotidiana, y la propuesta fue que construyan su propia ciudad con este material que le presentaron distribuido en diferentes mesas y soportes. También se les proporcionó una mesa con una base transparente, espejo debajo y luces en los extremos para que la utilicen como escenario y realicen allí la producción.

A partir de las observaciones que los adultos han realizado anteriormente, han determinado que cuando los niños toman en sus manos algo cuya consistencia deberán transformar, ellos logran darle una nueva identidad, una nueva vida.

Eso fue lo que sucedió cuando los niños comenzaron a experimentar con el barro, los sólidos cambiaron de identidad, también cambiaron con la luz, y es que la luz podía resaltar algunas características, algunas particularidades de la forma.

Un contexto seductor, un contexto que enseguida los engancha a trabajar conjuntamente, a asombrarse conjuntamente.

En esta imagen, acostados en el suelo, Iván le dice a Ricardo: “Mirá Riccardo, también se ve desde aquí abajo”.

Es un doble plan de trabajo: la ciudad va creciendo tanto arriba como abajo, en distintos planos consecutivos.

Al finalizar la mañana, luego de las primeras interacciones de los niños con la materia, la maestra se reúne con el grupo para recordar y volver a la memoria los pasos que siguieron, dialogar sobre lo que ha sucedido, y les pide que lo expliquen y lo compartan con el resto de sus compañeros.

En esta instancia se podría dar por finalizada la tarea, pero no se debe tener prisa en pasar a un nuevo tema. Es de vital importancia dedicarle un tiempo a eso que se ha hecho, preguntar y dar vuelta a lo que se ha elaborado.

Transcribir esas respuestas sirve para recordar esa experiencia; son esas mismas palabras las que luego van a servir para hacer un relanzamiento.

Noemi dice que ha hecho un puente. Alice dice que no, que ha hecho su casa. Marco dice que ha hecho muchos puentes y muchas casas, tanto arriba como abajo.

A partir de estas palabras “de arriba y abajo” se les propuso una provocación: si hay una ciudad arriba y abajo, ¿cómo se comunican los de arriba con los de abajo?. Si los de arriba quieren ir abajo o los de abajo quieren ir hasta arriba, ¿cómo lo hacen?.

De alguna manera se amplió el campo de concentración con los niños, se problematizó esta situación que se había dado.

Y es así como los niños comienzan a trabajar haciendo bajar el barro desde arriba hasta la planta de abajo.

Marco: hace falta una escalera.

Alice: yo estoy haciendo una torre bien alta.

Así comienzan a construir tanto de arriba como de abajo con la idea de que ambas ciudades conecten.

Pero pasaba que tanto construir, la materia no resistía y acababa cayéndose y desmoronándose.

Esas caídas continuas que se presentaban se convirtieron en un obstáculo para alcanzar su objetivo; pero eso les dio pie a otra idea: revestir la pata de la mesa y utilizar este perfil del soporte de la mesa para conectar las dos ciudades y que eso les sirva de estructura.

Aquí se puede apreciar el sentido estético en el trabajo con el barro, las distintas coloraciones, las distintas marcas que se asemejan al arte barroco. Los niños de esta manera, poco a poco, van dando forma a sus ideas con las distintas piezas de barro que van elaborando.

Los niños siguen con esta idea de conectar de forma aérea las ciudades, alentados por el adulto que les ofrece frases positivas que incitan a que los niños continúen intentando su propósito.

Y poniéndole más barro a la estructura, reforzándola, solidificándolo todo, acaban ellos mismo sorprendidos conectando las dos ciudades.

Este sería el trabajo final, después de varios días, que queda en la clase a disposición de los otros niños que van a inspirarse y tomar ideas para continuar el trabajo.

Finalmente, las dos ciudades, la de arriba y la de abajo, entran en conexión, acaban por conectar, dialogar entre ellas.

Esta idea que los niños nos invitan a considerar, con imaginación, con tenacidad, con disposición, con disponibilidad, se pueden conseguir grandes proyectos viéndolos de distintos puntos de vista.

Es el producto también de la conexión entre distintas manos, distintas maneras de pensar. Es el resultado de un trabajo de cuatro niños que se han tenido que poner de acuerdo en su manera de pensar sobre cómo tenía que ser esta ciudad, algo que no es fácil en niños de estas edades.

Es un gran esfuerzo para decidir una dirección para que después podamos encontrarnos.